Este video es muy bueno en relación al tema de las etiquetas:
http://www.youtube.com/watch?v=yDhV4a4hPiE
Arancha.
Las etiquetas que ponemos a los niños pueden generar
comportamientos no deseados
«Es muy
tímido», «es muy malo y desobediente», «no se entera de nada», «es pasivo»...
Lo que pensamos, lo que decimos... A veces no somos plenamente conscientes pero
juzgamos y etiquetamos a los niños prematuramente, condicionando su
comportamiento y produciéndoles unas heridas que, metafóricamente, pueden
llegar a estar sangrando durante muchos años si no se reconocen y cicatrizan
correctamente. Es el llamado «efecto pigmalión» de los padres sobre los
hijos, o de los profesores sobre los alumnos. «Demasiadas veces se pronuncian
expectactivas o prejuicios durante el proceso comunicativo con los más pequeños
sin tener en cuenta que en el futuro pueden originar sentimientos,
comportamientos o rendimientos no esperados y/o deseados», apunta Alba
García Barrera, profesora de Psicología de la Universidad a Distancia de Madrid (Udima). «En toda relación entablada con
niños y adolescentes debe prestarse especial atención a la forma en que
expresamos y transmitimos nuestras ideas, especialmente aquellas que afectan a
su propia forma de ser, actuar o pensar sobre una determinada cuestión. En
estas etapas los jóvenes se encuentran en pleno desarrollo físico, psicológico
y afectivo, por lo que son altamente vulnerables a la influencia que puede
llegar a ejercerse sobre ellos por medio de la comunicación. Es bastante fácil
que, con nuestras palabras, afectemos al autoconcepto y la autoconfianza
del niño», explica García Barrera.
Es muy fácil afectar de forma inconsciente ae los
niños con nuestras palabras
¿Por qué
sucede esto? «Porque solemos olvidar que una persona desarrolla su autoconcepto
en función de las expectativas que depositan sobre nosotros las personas
de referencia en nuestro entorno», prosigue esta especialista. «Es decir, un
niño va formando el concepto que tiene de sí mismo en base a las valoraciones
que recibe de sus padres, de sus abuelos, de sus tios, de sus maestros... Y si
bien de pequeñito no le consideran capaz de hacer determinada cosa, muy
probablemente acabe siendo incapaz de hacerla. Y no porque no tenga capacidad o
habilidades suficientes, sino porque su entorno más próximo le está
transmitiendo este mensaje, que difícilmente le invitará siquiera a intentarlo,
a probar suerte... Se sentirá menos capaz que ellos y pensará que no puede
hacerlo, que no tiene capacidad suficiente... y por tanto, será peor. Esto es
lo que se conoce como "efecto Pigmalión" y ya fue demostrado
en un estudio por Rosenthal y Jacobson», advierte.
«Trato diferencial» entre hermanos
Por otra
parte las expectativas, prosigue esta docente, pueden depositarse en
base al llamado «efecto halo». «Pongamos un ejemplo. En el entorno
familiar sucede a menudo a través de las comparativas directas e indirectas con
los hermanos, ya sean mayores o pequeños. Es común escuchar a un padre o a una
madre decir a su hijo, cuando se está portando mal, "a ver si aprendes de
tu hermano". Incluso muchas veces se tiende a regañar siempre al niño que
se suele portar mal, solo por el hecho de que suele hacerlo con frecuencia,
cuando en un momento dado ha podido ser al revés. Ningún niño se porta siempre
bien, ni ningún niño se porta siempre mal. Y como padres debemos intentar ser
justos y congruentes con ello», añade García Barrera.
Al niño que se suele comportar mejor se le regaña
menos, y al contrario
Porque
además, continua esta especialista, muchas veces se tiende a idealizar el
comportamiento del hijo que suele comportarse mejor, y se le regaña menos, se
le castiga menos y, en definitiva, se suele tener más paciencia con él que con
el que suele portarse peor. «A esto se le llama "trato
diferencial", y afecta directamente al autoconcepto, la autoestima y
el rendimiento del niño. De hecho, influye en sus respuestas comportamentales,
ya que cuando el niño es consciente de que sus padres esperan que tenga un mal
comportamiento, tiende aún más fácilmente a tenerlo», asegura esta profesora de
Psicología.
Ámbito escolar
Y en el
ámbito escolar sucede exactamente lo mismo, afirma esta especialista. «El
docente suele tender a poner notas más bajas a aquellos estudiantes que suelen
rozar el aprobado, y notas más altas a quienes suelen sacar sobresalientes,
aunque por determinadas circunstancias no sea así... Y esto influye en el
autoconcepto del alumno y lo que se siente capaz de hacer». En este sentido,
propone García Barrera, «hay que prestar atención a los comentarios que
realizamos en casa sobre las notas que obtienen nuestros hijos, sin
encasillarles, ni esperar determinados resultados. Pero ojo, esto no quiere
decir que no haya que exigirles, sino que hay que procurar escucharles,
entenderles y animarles a sacar todo el potencial que llevan dentro».
Debemos motivar y elogiar a nuestros hijos
En
definitiva, debemos tener en cuenta que la capacidad autopercibida tanto del
niño como del adolescente se modela en gran medida en función del «feedback»
(respuesta) que le proporcionemos. «Lo que digamos acerca de sus capacidades y
habilidades va a influir directamente sobre lo que se considere capaz de hacer.
Por eso debemos motivarle y elogiar sus capacidades. Si el niño se siente
capaz de hacer algo, y además siente interés por conseguirlo, actuará de forma
motivada y será probable que alcance sus metas», concluye esta profesora.
Para potenciar la autoestima
—Aceptar y
respetar al niño.
—Reconocer
sus posibilidades y limitaciones.
—Crear un
ambiente agradable y de confianza.
—Potenciar
la comunicación. ¿Cómo?
Mediante la pregunta y la escucha. Nos conviene preguntar para mantener un
clima de seguridad y confianza imprescindible llegada la adolescencia. Y
escuchar de forma activa, claro: Debemos mostrarle que realmente le estamos
escuchando y que nos interesa lo que nos tiene que contar.
—Prestar
atención al lenguaje verbal y no verbal.
—Favorecer
la iniciativa del niño, estimular la exploración y el descubrimiento.
—Definir con
claridad los objetivos y comprometer a los jóvenes su logro.
—Involucrar
a los niños en el establecimiento de las normas y animarles a respetarlas.
—Tener
expectativas realistas y positivas sobre las posibilidades de los niños.
—Cultivar la
empatía, lo que equivale a ponerse en el lugar del niño, aceptarle y comprenderle.
—Hacer
juicios positivos sobre los niños y evitar los negativos. Debemos tener en
cuenta que el elogio, siempre que se produzca a continuación de un determinado
comportamiento o conducta, sirve para reforzarla. Cuando realicemos una
crítica, por contra, debemos destacar su capacidad y transmitirles que podrán
mejorar si realizan un mayor esfuerzo o utilizan una estrategia distinta.
Muy bueno.
ResponderEliminarEstas etiquetas que nos encasillan se arrastran luego incluso hasta la edad adulta.
Recordemos que los niños pequeños ven el mundo y a sí mismos a través de nuestros ojos, siempre tomarán como ciertas nuestras descripciones y se acomodarán a ellas en su comportamiento.
Es una gran responsabilidad.
Gracias por compartirlo.